Publicado en azules intensos el 19 de Enero, 2007, 22:42
por NickCorey
|
Me acabo de comer un kebab bajo la universal luz blanquezina y (o) verdosa que ilumina este tipo de antros, allá donde estés. Da igual Marruecos, da igual Jordania, da igual Irán, Egipto, Túnez... Da igual Ruzafa. Soy egoísta, me siento egoísta, pero ojalá que algunos lugares no evolucionen nunca. Que el olor a especias y el sonido afónico de onda media de radios raídas por el tiempo no den paso a un civilizado primer mundo que sólo sabe oler a Don Limpio y mostrar suelos rebrillantes de asepsia y soledad. Soledad. Uno jamás se siente solo en estos antros aunque él sea sólo el único ocupante de una banqueta enfocada de luz blanquecina y (o) verdosa. Da igual si el kebab está regentado por un pakistaní, por un indio, un turco, un persa o un moromierda... En el fondo (mientras nos suene exótico y lejano) todo nos parecerá igual de exótico y lejano. Y seremos felices. Autocomplacientes. Molones. Hoy es mi último día en el piso de Sueca (Sueca caleidoscópica que se nos va...). Mañana, a las 9h a.m., comienza el traslado. Al salir del kebab, he visto un tipo que lloraba a moco tendido sentado frente al volante de su coche mientras una chica (tal vez su chica, o ex chica), de espaldas a mí, y fuera del vehículo, tenía toda la pinta de estar dándole boleto. Qué patéticos podemos llegar a ser... El ser humano puede llegar a mostrarse como un ser realmente lamentable. Tengo mono de Marruecos. Quiero perderme por sus calles, pasar el tiempo en un café, sentado, fumado, sólo, o acompañado, mirando, oliendo, observando, comparando... Cómo de mierda puede llegar a ser la vida en Europa.
|
Comentar |
Referencias (0)
|
|
|
|